jueves, 16 de septiembre de 2010

El mito de la Independencia*

*Columna de opinión publicada en el Trisemanario elQuetzalteco en su edición del 16-09-2010.

Actualidad
 
Nuevamente nos encontramos celebrando la Feria de la Independencia. El problema es que ovacionamos una feria de muy baja calidad, que realza una emancipación que no existe. Qué soberanos podemos ser si burócratas del Fondo Monetario Internacional dictan nuestra política económica; países europeos, a cambio de su ayuda financiera, deciden qué leyes deben crearse, o cuando un ente extranjero –Cicig- investiga delitos aquí cometidos.
     Dicha celebración se sigue llevando cada año sobre la base de una visión mediocre de los organizadores. Lo que menos se realza es la cultura, la ciencia y la tecnología. Estamos viviendo la era del conocimiento y nuestras autoridades municipales insisten en glorificar actividades folclóricas carentes de ingenio y creatividad.
     Se esfuerzan en hacer cada vez mayor culto al consumismo, muy lejos, por supuesto, de los hechos históricos y presentes que son de relevancia para que nuestra sociedad pueda lograr en el futuro un mayor crecimiento espiritual. Probablemente, esas festividades mejorarían si su montaje se delegara en personas que conocieran un poco más de la historia tanto nacional como universal y, obviamente, enteradas de lo que actualmente está sucediendo en el mundo. Ello definitivamente se vería reflejado en una serie de eventos que, además de servir de solaz y esparcimiento para los propios y visitantes, también los educaría acerca de los hechos que motivaron la fiesta, y no sobre leyendas o mitos, como se hace actualmente. Creo que así se contribuiría más a la cimentación y difusión de una cultura propia y no de un cúmulo de elementos transculturales que no dejan de invadirnos como resultado de la globalización.
     Posiblemente, nuestra peor tragedia es que nuestros dirigentes políticos insisten, una y otra vez, en seguir mirando el pasado y magnificar ciertos hechos que pudieron ser relevantes en su momento, así como, supuestas glorias pasadas, en lugar de enfocarse en lo que sucede actualmente y ver más hacia el futuro, que es hacia donde nuestro país y todos sus habitantes se dirigen.

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